Caminando hacia el suburbio
donde quedaba mi casa
mientras cruzaba una plaza
memorizando algún verso
Tuve un instinto perverso
que no se explica con nada
cuando encontré de pasada
un pobre sapo o escuerzo
La claridad se auyentaba
y el inmóvil en la hierba
crueldades que uno conserva
muy adentro agazapada
De adentro alguien me gritaba,
y es cosa que aún no me explico
porque son cosas de chico
“¡alzálo de una patada!”
Y no contento con eso
de reventar al batracio
no me le vine despacio
tomé bastante carrera
Viendo que no se moviera
y avanzando a grandes pasos
lo reventé e’un derechazo
una bolea de primera
Después no me acuerdo más
me envolvió la noche oscura
desperté en el hospital
con yeso hasta la cintura
Y el médico muy despacio
me lo fue explicando entonces
aquello no era un batracio
era una canilla e’bronce